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José Manuel Rodríguez | Publicado el 24 de Junio de 2020

Periodista busca 1.000 fans verdaderos

Entre los textos que puedan considerarse fundacionales para el internet que hoy conocemos, hay uno que ha ganado centralidad e importancia en el debate para la industria del periodismo en los últimos años. Kevin Kelly, director fundador de la prestigiosa e influyente revista Wired, expuso en marzo de 2008 su teoría sobre cómo una audiencia relativamente pequeña, pero fiel y comprometida, podía sostener a cualquier creador en internet. Aquel concepto, el de los 1.000 fans verdaderos, se ha convertido en la base de la actividad de cada vez más profesionales independientes que consiguen conectar con un grupo de personas a las que ofrecen algo que no pueden encontrar en otra parte.

Entre ellos hay cada vez más periodistas. En España sorprende a algunos el éxito de Matthew Bennett, un periodista de origen británico cuya forma de contar lo que sucede en nuestro país le ha granjeado el apoyo económico sostenido de en torno a 640 personas en Patreon. Según los datos de la plataforma, eso le supone unos 4.400 dólares al mes. Este esquema le hace competir por esos recursos con redacciones completas que ya se han lanzado a los modelos de pago para hacer sostenible su actividad, como en los caso de El Mundo y El País. La aportación mínima de un mecenas de Bennett es de 3 dólares (algo menos de 3 euros), mientras que la suscripción a los dos periódicos más importantes de España cuesta 7,99 y 10 euros al mes, respectivamente.

Un grupo de personas consulta sus teléfonos móviles. Foto de Camilo Jiménez en Unsplash.
Un grupo de personas consulta sus teléfonos móviles. Foto de Camilo Jiménez en Unsplash.

Esa comparación muestra que, por muy amplia que pueda parecer la oferta informativa actual tanto en perspectivas como en temáticas, existen márgenes en los que un solo periodista puede encontrar su sitio y afianzar un modelo basándose solo en el apoyo de quienes consideran valioso lo que hace. Y eso resulta esperanzador y contradictorio a la vez, teniendo en cuenta que los medios tienen que apelar más que nunca al apoyo de sus lectores para sobrevivir a la crisis de ingresos publicitarios que ha provocado el coronavirus.

Desintermediar a medios, intermediar tecnología

En una entrevista reciente, el CEO de Substack contaba que durante la pandemia se ha duplicado tanto la producción como la lectura de boletines. Ese producto informativo, surgido en los primeros compases de internet, resucitó hace algunos años especialmente gracias a la generalización del móvil y su capacidad de generación de hábitos. Ahora es un elemento imprescindible en cualquier estrategia de captación o retención de lectores de pago, también para periodistas que trabajan por su cuenta.

Ese es el caso de Ben Thompson, que mantiene un boletín llamado The Stratechery en el que analiza aspectos estratégicos y de negocio del sector de la tecnología y los medios de comunicación. Su envío diario se llama Daily Update y quien desee acceder a él tiene que pagar 12 dólares al mes o 120 al año. Thompson vive en Taiwan y vive exclusivamente de este proyecto personal, que además ha expandido al otro gran formato de moda para los creadores individuales: el podcast.

La explosión del consumo de audio se contextualiza rápidamente viendo cómo Spotify, Amazon y Apple se disputan en estos tiempos a podcasters exitosos. De nuevo, como sucedió con los boletines, hablamos de un formato con muchos años de existencia, pero que solo ha encontrado repercusión real cuando las condiciones tecnológicas han permitido el consumo asociado que le resulta natural, el de la movilidad.

Una mujer escuchando un podcast. Foto de Siddharth Bhogra en Unsplash.
Una mujer escuchando un podcast. Foto de Siddharth Bhogra en Unsplash.

En España el gran actor del sector es iVoox, que mantiene una parrilla de programas de distribución y representación comercial exclusivas. Pero es su funcionalidad de microfinanciación la que hoy permite que los directores de La Órbita de Endor o Días Extraños se dediquen exclusivamente a esos proyectos, sostenidos por la audiencia cultivada durante años.

Los esquemas de apoyo a los creadores vía audiencia comprometida se han ido extendiendo como la pólvora en distintas plataformas, desde Twitch a YouTube, y próximamente también a Instagram. Tal y como escribía Kevin Kelly en el artículo que lo anticipó todo, para tener éxito haciendo contenido no necesitas millones de fans, solo necesitas una legión reducida de seguidores que entiendan el valor de lo que ofreces y estén dispuestos a asumir un precio por ello o para que sigas produciéndolo.

Más de una década después, esa perspectiva explica movimientos de desintermediación entre periodistas y audiencia promovidos por la actividad de marcas personales en redes sociales. Gracias a servicios como Patreon, Substack, Revue y otros resulta factible llevar a cabo proyectos personales que obtengan resonancia y apoyo entre tus seguidores. No es un esquema que pueda servir para todos, pero sí permite que hoy algunos vivan de esos 1.000 fans verdaderos. Incluso de algunos menos.

Sobre el autor: José Manuel Rodríguez

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José Manuel Rodríguez es periodista freelance y consultor especializado en comunicación digital, con especial atención a la intersección entre medios, plataformas y agencias.